La mesa de billar es la pieza central de este increíble juego, el cual suma aficionados y profesionales desde hace muchos siglos atrás. Para conocer cómo se transformó en lo que conocemos hoy en día, debemos dar una mirada al pasado y descubrir parte de su historia.

El nacimiento del juego de billar como tal todavía es incierto, muchos especulan sobre sus inicios y creadores, pero aún es considerado un tema inconcluso. Sabemos con seguridad que comenzó como un juego de nobles y reyes, lo que nos lleva a mencionar el descubrimiento de uno de sus primeros ejemplares conocidos, el cual tuvo lugar entre los años 1461-1483 en la Corte del Rey Luis XI de Francia, su ensamblaje algo rudimentario consistía en una simple pieza de césped natural colocada sobre una mesa común. Analizando esto, podemos presumir que de allí deriva el famoso color verde de su paño actual.

Años más tarde, las mesas fueron evolucionando de la mano del ebanista Henry Devigne, comenzando con tableros específicos para el juego con cubierta de tela y amortiguadores laterales de madera (con capas de fieltro o paja para el rebote). El juego poco a poco fue extendiendo su popularidad tanto en Francia como en el resto de los países europeos, lo que llamó la atención de artesanos y fabricantes para adentrarse de una vez por todas en la elaboración formal de las mesas.

Podemos atribuir al fabricante John Thurston una gran parte de los cambios finales en las mesas de billar. El inglés, experimentó desde el año 1826 con distintos materiales hasta que al fin en 1840 se comienzan a originar los primeros tableros hechos de pizarra, manteniéndose hasta la actualidad el mismo material en las mesas de mayor calidad.

En su búsqueda incesante por perfeccionar la jugabilidad del billar, el mismo Thurston sigue realizando otras pruebas con paño, pelo, plumas, entre otros; pero esta vez, para reemplazar “los amortiguadores'' introduciendo formalmente el caucho en 1835. Esta iniciativa no resultó como lo esperaba, ya que la elasticidad del caucho varía de acuerdo a la temperatura del ambiente. Es en el año 1843, que John es salvado por un ingeniero llamado Thomas Hancock, quien le enseñó que el caucho vulcanizado realmente lograría minimizar la pérdida de la energía cinética durante el juego, desde ese día muchos fabricantes de mesas de billar siguen utilizando este material.

Los datos históricos señalan que el primer modelo de John Thurston fue revelado nada más y nada menos que a la Reina Victoria del Reino Unido.  

Dejando atrás Europa podemos señalar que, en Estados Unidos, se tiene registro de la elaboración de mesas de billar desde la segunda parte del siglo XIX, siendo la compañía Brunswick la precursora de su fabricación comercial aproximadamente en el año 1845, extendiéndose posteriormente por todo el territorio americano.

Por mucho tiempo las mesas de billar han representado verdaderas obras de arte, de las cuales se tienen diversas referencias plasmadas en cuadros, grabados y lienzos de distintas épocas.
Tan complejo como el mismísimo origen del billar lo es el hablar de la tiza, luego de una profunda investigación pudimos localizar el nombre de la persona que figura como su inventor John Carr. En su momento, Carr procedió a la invención de un pequeño cubo que combinaba múltiples elementos, como: abrasivos, azul de prusia y endurecedor comprimidos a presión, destacando para su época como un asombroso avance para perfeccionar el deslizamiento del tiro. En la era moderna, las tizas comunes son elaboradas con yeso de color azul y comercializadas en el mundo entero.

Debemos admitir que conocer al menos un pequeño ápice del pasado del billar es absolutamente fascinante. Si este artículo logró reafirmar tu entusiasmo por el juego eres uno de los nuestros, solo queda decir… ¡Que viva por siempre el billar!.